26/11/2018

El Lean nos rodea

A mis 49 otoños, los 50 me caerán en breve a plomo, puedo afirmar que en lo que a la salud se refiere, aparte de algún hueso roto en la adolescencia debido a la propia inconsciencia de la edad, en lo relativo a reparaciones y visitas al médico la vida me ha tratado bien ¡Toquemos madera!

Si tuviera que poner algún pero,  sería la fortuna que he tenido que gastar en mis dientes. Empecé en la adolescencia y hasta hoy,… ¡Qué le vamos a hacer! algún defecto tenía que tener. Creo que tengo todas las reparaciones que se pueden hacer hoy  día en los dientes,  y eso que he probado de todo en cuestión de prevención: Acortar plazo de las revisiones, tipos de cepillos, métodos de cepillado, dentífricos, enjuagues…. Me dicen que tiene que ver con la acidez de la saliva. Una sorpresa descubrir que el MAL lo traía de serie.

Hace poco, por un problema que he tenido con una muela de juicio, decidí cambiar de dentista.

Motivo: Logística. Cercanía.

Nada más llegar y después de los saludos y la entrevista de rigor, me hizo un escáner panorámico, y una vez más, la sentencia fue contundente: “…Tienes 2 fundas que por dentro están mal. Hay que quitarlos y poner implantes”. Se me vino el mundo encima. Además del desembolso, diez años atrás tuve el mismo problema con otras fundas y sabía a lo que me enfrentaba.

Llegó el día de la cita. Recuerdo que llegué con los nervios a flor de piel. A favor del dentista  (de éste y todos los que he conocido), que son seres que transmiten una amabilidad desbordante, con un lenguaje corporal estudiado y estructurado para transmitir tranquilidad. Pero también es verdad que siempre me ha sorprendido esa dualidad con la que están equipados. Por un lado, esa amabilidad tranquilizadora y por otro lado ese inquietante instrumental que manejan que ya hubiera querido la santa inquisición.

Tras los saludos de rigor, me acomodé en ese potro de tortura 4.0 y como alguien con síndrome de Estocolmo me abandoné a su suerte. Lo que ocurrió a partir de ahí, no lo calificaré como “agradable”, pero sí puedo decir que me sorprendió gratamente. Apenas pasaron 35 minutos cuando escuché:

– ¡Ya está!

– ¿Ya?

Al ver mi sorpresa, el dentista, con una amplia sonrisa, me dijo:

– Date cuenta que desde que te pusiste los últimos implantes, hace ahora diez años, la manera de trabajar ha cambiado mucho. Por un lado, el avance de la tecnología nos permite aprovechar las extracciones para introducir los implantes, y por otro lado, la panorámica que te hicimos en la primera visita nos ayuda a hacer mucho trabajo previo y a organizar la operación sin que tú estés presente

A pesar de la anestesia, mi cabeza reaccionó como un resorte:

  • Aprovechar los avances de la tecnología para la Mejora, y reducir el Lead Time.

Hace 10 años: Tiempo tratamiento: 6 meses           Tiempo operación: 2h

Hoy:                 Tiempo tratamiento: 3 meses           Tiempo operación: 35’

  • Han separado las operaciones en: operaciones con el paciente en la consulta y operaciones que se hacen sin el paciente esté en la consulta ¡Eso me suena a SMED!

En IKOR, trabajar el SMED, y la reducción del Lead Time, son nuestro día a día, y lo llamamos Lean Manufacturing. Probablemente mi dentista no sabe lo que es el Lean Manufacturing, ¿Pero… no estamos hablando de lo mismo?

 

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Category

Lean Manufacturing, Supply Chain Management

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