“Ne tirez pas sur le pianiste…”

El aviso estaba cuidadosamente escrito, en bella y elegante caligrafía de color rojo, sobre el enorme espejo que coronaba la barra del local. Sobrevolaba el humo de los cigarrillos, las botellas alineadas en formación y el mar de sombreros de la animada concurrencia y, sobre el reflejo de brindis acelerados, las palabras parecían vibrar como un letrero de neón en la oscuridad…era una de esas calurosas noches de primeros de julio en Shanghái y ahí estaba yo de nuevo, en la estrecha desembocadura de Fuzhou Road sobre el Bund, el viejo “Blues & Jazz”.

El calor resultaba tan insoportable dentro de oscuro local como en el atestado callejón sobre el que se asomaba la entrada. El gran ventilador giraba de manera perezosa en el techo, proyectando sombras intermitentes sobre las cortinas del escenario, y parecía haber tirado la toalla y abandonado ya cualquier esperanza de alivio … aunque resultaba un detalle tan familiar y poco interesante como la advertencia del espejo.

Hasta donde yo recuerdo, esa inscripción siempre había estado allí. Francia gobernó durante casi un siglo esta parte de la ciudad y la conocida como “Concesión Francesa” era, a todos los efectos, una región más de la República.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial el control de esta área fue devuelto a las autoridades chinas… todavía habrían de transcurrir 15 años más hasta que ya en 1960, un joven Truffaut firmara uno de los títulos claves del movimiento que vino a intentar barrer, como una gigantesca Ola, todo el Cine realizado por las generaciones anteriores y al que ciertos jóvenes airados tachaban con desdén de “cine académico”. Era el momento de la “Nouvelle Vague” y, como no, … “Tirez sur le pianiste”.

Imposible no sonreír ante la referencia cinematográfica y su negativo reflejo sobre el espejo.

De cualquier manera… Una historia en la que alguien no mate a otro probablemente no contenga más que trivialidades y senderos tan trillados como aburridos pensé, una vez más, mientras pasaba ante el espejo buscando acomodo al final de la barra. Entre miradas suspicaces, y algún empujón, conseguí mi objetivo. Fue en ese preciso punto desde donde cambió mi perspectiva y descubrí algo que no estaba allí en mi última visita… “Ne tirez pas sur le pianiste … ni al saxofonista, por favor”. Alguien había garabateado esta desesperada súplica en español de manera descuidada y apresurada tras la bella silueta del pianista. En ese momento tomé repentina conciencia de la música sobre el escenario y sus grandes cortinajes de terciopelo rojo tras la banda y, efectivamente, ahí estaba el saxofón.

Algo en el tipo me resultó familiar al instante, su forma de inclinarse sobre el instrumento, su impecable traje de color ocre y la llamativa corbata… quizás fuera la luz del local pero tanto su cabello, peinado hacia atrás, como su bigote brillaban también en tonos cobrizos, unas afiladas patillas enmarcaban su rostro.

La improvisada pieza terminó de manera abrupta, sin esperar a los aplausos el tipo dejó con sumo cuidado y reverencia su saxofón sobre una silla y se dirigió rápidamente hacia el lado de la barra desde el que yo contemplaba la escena.

“Sam, por favor”, disparó sobre el barman y al instante su copa tintineaba junto a la mía sobre la pulida superficie de madera de la barra. Ante la perspectiva de una buena historia…

“¿Me permite invitarle, amigo?”, pregunté.

– “Oiga, amigo, no me gustan sus modales y sea lo que sea que venda, no compro nada”, sentenció secamente el saxofonista sin levantar la mirada de su copa.

– ”No se preocupe, no los vendo”, mi respuesta hizo que por fin levantara la vista.

– “En ese caso, ¡acepto encantado!”, celebró alzando su copa al aire, gesto al que correspondí de igual manera.

– “Y dígame, … ¿tan peligroso está el oficio? Pregunté mientras señalaba en un ademan hacia el espejo sobre la barra.

– “No lo crea, los tiempos han cambiado mucho, pero lo más peligroso que puedes encontrar en este antro sigue caminando sobre afilados tacones de salón…¡ya ni siquiera te cachea el portero al entrar!”

Ambos lanzamos una carcajada al unísono que hizo girar algunas cabezas durante un par de segundos. No les aburriré con el resto de la conversación, pero así fue como, entre referencias a viejas películas y piezas de Jazz, conocí esa noche a Daniel Nel·lo, uno de los músicos claves en nuestro país desde hace más de 30 años dentro del sonido Rock’n’roll (arrancó su carrera en 1985 con “Los Rebeldes”), el Rhythm and blues y el Jazz con innumerables colaboraciones y aventuras musicales.

“¿Qué demonio hacemos aquí, Dani?… el próximo jueves 25 arranca la nueva edición del Heineken Jazzaldia en Donostia y lo hace a lo grande, Ruben Blades vuelve a Donostia!

– “Ya es hora de cambiar de aires, amigo… hasta quizás sea posible todavía reunir a la vieja banda, dame un minuto”

Con un rápido trago hizo desaparecer su última copa, regresó al escenario y con una ligera inclinación se despidió del resto de la banda mientras tomaba el saxofón con su mano derecha. Regresó a la barra, se encaramó sobre ella y borró apresuradamente las palabras en español del espejo. Doblamos la esquina hacia el Bund, las aguas del Huangpu bajaban oscuras y la niebla invadía a esas horas ambas orillas. Al otro lado, hacia el este, teníamos Pudong…y “con ese tumbao’ que tienen los guapos al caminar” saltamos sobre el primer taxi que paso a nuestro lado.

– “¡Al aeropuerto, Nando! presiento este puede ser el comienzo de una hermosa amistad”

“La vida te da sorpresas

Sorpresas te da la vida, ay dios…!”

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